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El Trastorno de Hiperactividad y Falta de atención - Los psicoestimulantes: Interrogantes acerca de su uso

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Los Altos Niveles de Glucosa y el Cerebro

Trastorno de hiperactividad y falta de atención

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Rafael Valle Rivera, MA, NL

¿Qué es el Trastorno de Hiperactividad y Falta de Atención?

El trastorno de hiperactividad y falta de atención (ADHD por sus siglas en inglés) es el desorden conductual de la niñez que con mayor frecuencia se diagnostica. En los Estados Unidos se ha estimado que impacta entre el 3 y el 5 por ciento de la niñez en edad escolar. Este es un desorden que representa un gran problema de salud pública. Quienes padecen este síndrome sufren de serios problemas en su funcionamiento y pueden enfrentar efectos adversos a largo plazo.  Entre estos efectos se encuentran dificultades en su desempeño académico y vocacional, y en su desarrollo social y emocional que a su vez pueden impactar otras áreas de su vida tales como sus relaciones sociales y familiares.

A pesar de esto el diagnóstico y la existencia misma de este síndrome ha sido objeto de controversias.

Este trastorno, al que también se conocía en otros tiempos como disfunción cerebral mínima, daño cerebral mínimo e hiperkinesis, generalmente comienza en la niñez y probablemente más de la mitad de estos continúan padeciéndolo en la adultez. Quienes lo padecen tienen una pobre capacidad para concentrar o enfocar su atención, estar quietos y controlar sus impulsos.

Las causas pueden ser muy variadas. Se sospecha que el origen de esta condición puede estar relacionado con susceptibilidades genéticas, alergias, lesiones cerebrales, infecciones virales o bacterianas y deficiencias nutricionales. Estas condiciones pueden actuar como un gatillo disparador del trastorno. En un estudio llevado a cabo en 1990 por los Institutos Nacionales de Salud Mental de los Estados Unidos se encontró una correlación entre esta condición y ciertas anormalidades metabólicas. Algunos casos también pueden estar relacionados con problemas prenatales, complicaciones en el parto o con daños neurológicos posteriores. Se sabe también que tanto las madres que fuman como las que ingieren bebidas alcohólicas tienen un riesgo de alrededor de dos veces y media mayor de que su hijo o hija padezca de este ADHD.

También se estudian ciertos desbalances químicos en el cerebro relacionados con un neurotransmisor llamado dopamina. Recientemente ha surgido evidencia de que otro neurotransmisos llamado noradrenalina o norepinefrina también puede jugar un papel en el desarrollo de esta condición.

Estudios recientes han comenzado a proveer evidencia de ciertos problemas metabólicos que pueden estar implicados en el ADHD. Parece ser que algunos de los que padecen de este desorden tienen una incapacidad para manejar o utilizar ciertos nutrientes. Uno de estos parece ser el cinc, tal como lo demostrara el químico británico N.I. Ward quien encontró que los niños que padecen de ADHD pierden cinc cuando son expuestos a ciertos tintes que se utilizan en los alimentos.

El Tratamiento Convencional del Trastorno de Hiperactividad y Falta de Atención

Los medicamentos más utilizados para tratar este síndrome son psicoestimulantes como metilfenidato (Ritalin o Ritalina, Concerta, Methlyn y Metadate), anfetaminas (Adderall), dextroanfetamina (Dexedrine, DextroStat), pemolina (Cylert). El Adderall ha sido asociado a varias muertes súbitas en niños que lo utilizaban. Por esta razón el uso de este medicamento fue suspendido en Canadá por varios meses en 2005. Cuando retornó a la venta se incluyó en la literatura que viene adjunta al producto una advertencia de que no debe utilizarse en pacientes con problemas cardiacosestructurales. En los Estados Unidos la Food and Drug Administration (La Administración de Drogas y Alimentos) se encuentra evaluando la información disponible sobre este medicamento. Otros medicamentos que se han utilizado son antidepresivos tricíclicos (medicamentos que actúan aumentando la disponibilidad en el cerebro de tres neurotransmisores, por lo general serotonina, dopamina y norepinefrina, también conocida como noradrenalina) como toframil, Desipramine y Elavil.

El único medicamento no estimulante que cuenta con la aprobación oficial de la La Administración de Drogas y Alimentos es Strattera (atomoxetine). Este medicamento funciona de forma similar a algunos medicamentos antidepresivos. En octubre de 2005 la Administración de Drogas y Alimentos emitió un aviso en el sentido de que este medicamento puede causar pensamientos suicidas en los adolescentes.

De todos estos el más empleado es el Ritalin o su equivalente genérico metilfenidato. Se estima que alrededor del 70 por ciento de las recetas para ADHD son  de Ritalin o metilfenidato.

Además de los medicamentos se han empleado diversos acercamientos psicosociales y de modificación de conducta.  También se han propuesto y utilizado varios tratamientos a base de suplementos nutricionales, modificaciones dietéticas, o estimulación perceptual.  En 1998 un grupo de trabajo del National Institutes of Health señaló que estos acercamientos han generado considerable interés pero no existen suficientes estudios de buena calidad que los avalen.  En el caso de algunos de los tratamientos  a base de eliminar ciertos alimentos de la dieta, señaló este grupo de trabajo que los resultados obtenidos son “intrigantes” y que sugieren la necesidad de más investigación.

La mayor parte de los estudios se ha concentrado en el uso de psicoestimulantes e intervenciones de tipo psicosocial.

Las investigaciones demuestran que los psicoestimulantes son efectivos en reducir los síntomas definitorios de esta condición, es decir, falta de atención, agresividad, hiperactividad y conducta impulsiva, durante el tiempo que el medicamento es empleado.  Una vez descontinuado el medicamento los síntomas tienden a reaparecer. Tres psicoestimulantes son, en términos generales, equivalentes en cuanto a su efectividad.  Estos son metilfenidato , dextroanfetamina y pemolina.  La mayor parte de los estudios concluye que empleados por si solos los psicoestimulantes son superiores a las intervenciones psicosociales en cuanto a la reducción de los síntomas ya mencionados. No obstante ha habido estudios en los que un programa de modificación de conducta ha tenido efectos similares e incluso superiores al tratamiento con psicoestimulantes.  Por ejemplo, en un estudio llevado a cabo por varios investigadores de la universidad de Louisiana  se encontró que un programa a base de refuerzos con fichas (tokens) fue más efectivo que los medicamentos en términos de mejorar la conducta en dos de tres participantes.  Sin embargo, por lo pequeña de esta muestra no podemos llegar a conclusiones definitivas. Esta es un área que requiere de mucha mayor investigación.

Los tratamientos psicosociales que mayor efectividad han demostrado son estrategias tales como manejo de contingencia en el salón de clases, entre los que se encuentran técnicas tales como sistemas de recompensa a base de puntos, tiempo fuera (recompensarlo mientras no lleve a cabo una conducta no deseada y retirarle la recompensa cuando la lleva a cabo), etc. Otras técnicas efectivas son el entrenamiento de los padres en técnicas de manejo de niños, y terapia clínica conductual en la cual el maestro, los padres o ambos reciben entrenamiento en destrezas de manejo de contingencias.